LO OCULTO Y LO (IN)VISIBLE: 4. LA GRIPA Y EL EMPRESARIO QUE QUERÍA SER ACTOR X
En el mes de octubre de 2008, Nacho Vidal y yo impartimos un seminario en Bogotá sobre la historia del cine erótico español que llevaba por título "Lo oculto y lo (in)visible". Durante los nueve días que duró el viaje, publiqué un diario en la página web del Club Canalla. Tras un día de descanso, el curso continuó con algunas sorpresas.
Lo previsto era que Nacho y yo compartiéramos sesión en el día de hoy. Se trataba de acercar a los asistentes la realidad del cine X de boca de una de las personas que mejor la conoce desde dentro. Nacho, con casi 14 años de carrera profesional, con sus facetas de director, productor y actor, podía dar una visión muy exacta de cómo funciona la industria, ya que ha trabajado en medio mundo.
No ha podido ser. Nacho llegó a Bogotá arrastrando una gripa, como dicen aquí, o gripe, para nosotros, que ya había paseado por Berlín durante el festival Venus. Pese a sus problemas de salud, nunca suficientemente grandes como para cancelar una entrevista o una comparecencia de prensa, Nacho no canceló ningún acto. Hasta hoy, que la garganta le dijo basta y lo dejó sin voz, el instrumento fundamental para la mesa redonda que había ideado para hoy.
Su ausencia me ha acarreado un pequeño transtorno, porque no había diseñado la sesión de hoy, que tenía prevista impartir mañana. Al final, ha salido todo bien, gracias a la generosidad de los alumnos y la capacidad de improvisar que forma parte de mi naturaleza.
Mucho peor ha sido para una legión de frikis que acudieron a la sede del cine-club El Muro, donde se celebra el seminario,
con la esperanza de hablar con Nacho. No eran fanáticos que perseguían un autógrafo o una foto improvisada con el móvil. Eran aspirantes a convertirse en actores de cine X, personas que creen que porque follan bien en su intimidad pueden emular las gestas del muchacho de Mataró. Algunos de ellos se han dirigido a mí, decepcionados por la ausencia de Nacho. Y lo cierto es que eran bastante patéticos. El mejor de todos, un personaje digno de figurar en un museo del friquismo pornográfico, era un tipo algo más alto que yo (mediría 1'80), con cierto sobrepeso, una edad que podía oscilar entre los 30 y los 35 años y con cara de indio. Además, vestía con traje de chaqueta y corbata, lo que lo diferenciaba de Evo Morales, que sin duda era su referente fisionómico más próximo. El tipo me ha contado que quería ser actor porno pero tenía un problema. Era un conocido empresario de la capital en cuyos negocios tenía contactos con “personas del Gobierno”. Sin embargo, su vida aparentemente acomodada no le impedía intentar realizar su sueño: quería ir con Nacho a los Estados Unidos y Europa para rodar películas con él. O conocer a Rocco y convertirse en su sucesor. La educación que me transmitieron mis padres y algo de vergüenza me han impedido contestarle con la frase que mi cerebro estaba procesando mientras me contaba sus ambiciones: “¿Te has mirado al espejo?”. Claro que igual, debajo de su elegante traje de chaqueta, escondía un pene de 30 centímetros del que se sentía orgulloso, como le preguntaron a Nacho en una patética emisora local unos días atrás. Lo he emplazado para mañana con la seguridad de que Nacho le dará la respuesta adecuada sin que el hombre se sienta decepcionado y queme la empresa que regenta para dedicarse a cepillarse a bonitas actrices del Este de Europa.

Nacho ha prometido que mañana sí que asistirá al curso “aunque sea muerto”. Yo me he anticipado a esa caballerosa promesa del amigo con la foto que ilustra este post. Pertenece a la rueda de prensa que dimos el martes de los medios de comunicación bogotanos, en la que estamos los dos explicando a los periodistas colombianos nuestra visión del porno.

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