42. UNA SEGUNDA EDAD DE ORO

El notable incremento de la producción de películas X en los Estados Unidos se tradujo en una espectacular acogida del público. El porno volvía a ser una industria boyante más después de un decenio marcado por los problemas internos y la presión de la sociedad conservadora.

Bobby SoxLa industria americana de cine X alcanzó su máximo esplendor bajo la presidencia de Bill Clinton. El talante liberal del primer mandatario norteamericano provocó un importante auge de la producción que se vio acompañado por un significativo aumento del consumo entre el público estadounidense. En 1996, según un reportaje publicado en U.S. News & World Report, los americanos gastaron más de 8 billones de dólares en vídeos porno, peep-shows, televisión por cable para adultos, aparatos sexuales, porno por ordenador y revistas eróticas.
Parte de la aceptación del porno entre el contradictorio público americano se debió a la extraordinaria diversidad de la oferta. El aficionado podía encontrar en las estanterías de su video-club o sex-shop prácticamente todo lo que deseara. Como tres lustros antes, pero a gran escala, el “mainstream” abarcaba géneros tan diversos como la aventura (“The Temple of Poon”, de Stuart Canterbury), el “thriller” (“The Dream Team”, de Jim Enright), la comedia (“Night Shift Nurses 2”, de Jim Holliday), la ciencia-ficción (“Penetrator 2”, de Nic Cramer) o las películas de piratas (“Conquest”, de Greg Steel y Brad Armstrong). Por no hablar de los diferentes subgéneros creados a partir de la corriente principal, tales como el interracial, el “gonzo” o los filmes de sexo extremo.
Ante tan vasta oferta, la alternativa de los directores más avispados para destacar era la originalidad. Gregory Dark lo habíaButtman in the crack entendido desde hace años pero llevó su transgresión hasta lindes insospechados en el género con “Sex freaks”, una película en la que utilizaba actores con malformaciones físicas para edificar una estética similar a “La parada de los monstruos” de Tod Browning. “Sex freaks”, elegida mejor película del año por AVN, fue la obra más personal de Dark en un año en el que también triunfó entre la crítica con “Shocking Truth” y “Flesh”. En la misma línea de Dark, pero tamizada por su obsesión por los culos, John Stagliano dirigió una de sus películas más surrealistas: “Buttman in the crack”. Stagliano sigue a una extraña chica y acaba entrando en el interior de un enorme ano, poblado de insólitos habitantes.
En los antípodas del sexo onírico de Dark y Stagliano, Paul Thomas se convirtió en 1996 en un realizador valorado por la crítica con dos cintas. “Bobby Sox” contaba la historia de un actor alcohólico y pervertido que topa con dos hermanos ambiciosos que planean producir un filme de serie B. “La frontera” contaba con una trama más convencional: la fascinación de unLibertada pareja de amantes por el cálido ambiente de un pueblo mejicano. Gracias a estas dos películas, Steven St. Croix se erigió como el actor fetiche de Thomas. Sin embargo, los caminos del porno más convencional de calidad apuntaban en otras direcciones. Michael Ninn filmó la secuela de “Latex”, titulada “Shock”, en la que volvía a insistir en el tema del control de la mente y la influencia de la realidad virtual sobre los hombres. Michael Santangelo desafió a la corriente dominante en el género, preocupada de la imagen más que del argumento, con “The palace of pleasure”, una intrincada historia ambientada en la “ley seca”. La pareja de directores de moda en el porno americano, Greg Steele y Brad Armstrong, pergeñaron una trama de traiciones y sexo en “Double Cross”. Y el maestro Andrew Blake retornaba al porno después de casi tres años dedicado al “softcore”, con “Libertad”, un película producida por su recién creada compañía.
 
 
SavannahLA RESURRECCIÓN DE SAVANNAH
Dos años después de su trágica muerte, Savannah resucitaría para el porno en “Little girl lost”, un filme que reconstruía su tortuosa vida y las circunstancias que la llevaron al suicidio en julio de 1994. Bajo la dirección del actor Buck Adams, el “biopic” sobre la “groupie” más famosa del cine X distaba mucho de ser la amable biografía de una actriz porno incapaz de soportar la presión de la fama, como ya había ocurrido con las biografías de Traci Lords o Shauna Grant. Era más bien un descarnado y arriesgado retrato del mundo del porno en el que pocos salían bien parados. Rebecca Wild, una neumática rubia con la misma angelical mirada que la diva muerta, interpretó a Savannah y el propio Buck Adams, en un ejercicio de autocrítica, se reservó un papel en la película interpretándose a sí mismo.

 
 
 
 
                                                                   ETaken for GrantedL ESPEJO DEFORMADO DE LA REALIDAD
El actor y director Ron Jeremy, un personaje muy respetado entre sus compañeros de la industria, siempre ha manifestado un afilado olfato para recoger aquellos hechos reales que podían ser susceptibles de ser adaptados al porno. Si en 1994 convenció a John Wayne Bobbitt para que reprodujera su castracción en una película X, en 1996 aprovechó un incidente de gran impacto en los medios de comunicación para realizar “Taken for Granted”. El filme estaba basado en la detención, en un suburbio de Los Angeles, del actor Hugh Grant en compañía de una prostituta con la que estaba practicando sexo oral. Jeremy contrató a Divine Brown, la prostituta protagonista de la felación más publicitada de los últimos años, con el propósito de que reprodujera ante las cámaras los 9 minutos de conocimiento carnal con el actor británico. Sin embargo, Jeremy no se atrevió a llamar a Grant para proponerle el papel protagonista.