41. LA UNIÓN EUROPEA
Con un grupo de cineastas anclados en la revisitación de los clásicos, otros preocupados por innovar el lenguaje cinematográfico del género y una nueva hornada de realizadores desafiando a los grandes maestros, el cine X europeo vivía en 1995 una de sus épocas más gloriosas.
El veterano realizador italiano Joe D’Amato dirigió 28 películas X en 1995. Más de dos al mes. Este dato ilustra perfectamente el excelente momento que vivía el porno europeo a mediados de la década de los 90, con una industria paneuropea plenamente consolidada (la mayoría de las producciones contaban con un equipo técnico y artístico formado por profesionales de varias nacionalidades), un ramillete de actores y actrices entregados a la causa y un animoso grupo de realizadores que crecía año tras año en número. De las 28 películas de D’Amato, la más sobresaliente fue, sin duda, “Marqués de Sade”, la recreación libre de la vida del famoso libertino francés encarnado en la pantalla por el ubicuo Rocco Siffredi. D’Amato continuaba así adaptando historias de personajes célebres de todos los tiempos y obras literarias y cinematográficas. “Robin Hood”, “Las intocables” o “Barón Von Masoch”, todas ellas filmadas aquel año, confirman su línea de trabajo. Con D’Amato trabajaba, en un segundo plano, su buen amigo Luca Damiano. La versión X del cuento de Perrault “Blancanieves y los siete enanitos”, protagonizada por la rusa Ludmilla Antonova, fue su obra más destacada. Sin embargo, la mejor recreación de un clásico en el porno fue “La divina comedia”, de Nicky Ranieri con una espléndida Draghixa a la cabeza del reparto.
Pero el cine X europeo no vivía sólo de la adaptación de los clásicos. Mario Salieri filmó en 1995 dos de sus obras más
personales: “Recuerdos inmorales de Mario Salieri”, un catálogo de perversiones juveniles ejecutado con gran maestría técnica, y la polémica “Galería de perversiones”, una reflexión sobre la violencia sexual que no fue bien entendida por un sector de la crítica. En ambas, Salieri utilizaba indistintamente el color y el blanco y negro para resaltar las diferencias entre la realidad y el deseo. Por su parte, Marc Dorcel proseguía con su línea de sofisticadas producciones en “El deseo en la piel”, un elaborado filme que descubría a Laure Sinclair como una de las más bellas actrices de su generación. La producción más suntuosa vino de la mano de Alex Perry. “Rebecca” era un melodrama de sabor rancio y cargado de erotismo que contó con la húngara Anita Rinaldi, una hermosa rubia que pronto daría el salto a la dirección, y el francés Christophe Clark como estrellas.
El buen momento del cine X europeo se materializó con la llegada de un buen número de realizadores que, siguiendo la estela, de los grandes maestros, estaban dispuestos a aportar savia nueva al panorama continental. El italiano Max Bellocchio, que ya había debutado en la dirección de pornos unos años atrás, sorprendió al público y la crítica con “El tren del deseo”, una película imaginativa y original en la que demostraba ser un digno alumno de Salieri o Ricaud. Antes de dirigir cine X, Bellocchio había hecho sus pinitos como actor, pero nunca llegó al nivel de popularidad de Christophe Clark o Roberto Malone, dos instituciones del género en el Viejo Continente que, imitando a Rocco, comenzaban a compaginar sus trabajos delante y detrás de las cámaras. Pero, mientras las películas de Rocco reforzaron su aura de indiscutible rey del género, las de Clark o Malone eran obras menores e impregnadas de una gran pobreza cinematográfica pese a sus osados números eróticos.
EL IMPERIO PRIVATE
La muerte de Michel Ricaud dos años antes no amilanó a Berth Milton Jr. en su obsesión por crear una marca de calidad para el cine X. Con los mismos planteamientos que en sus inicios (calidad del producto y búsqueda de localizaciones exóticas) Private se confirmaría como una de las productoras favoritas del público europeo. Gran parte de su éxito se debió al buen hacer de Pierre Woodman, un director francés que había sido ayudante de Ricaud, quien dirigió la serie “The Tower”, compuesta de tres entregas y protagonizada por Aliza. El otro mascarón de proa del barco de la productora escandinava fue el sueco Nic Cramer, responsable de “Private dancer”, un porno rodado en Budapest (consagrada ya como capital del porno europeo) y que abría el mercado del Este a la voracidad de Private.
LA PROFESO
RA PERVERSA
Aunque su carrera como directora y protagonista especializada en porno “amateur” se inició a comienzos de los 90, la francesa Laetitia dirigió en 1995 la serie por la que se daría a conocer en toda Europa. Las películas que componían “La escuela de Laetitia” presentaban un estructura muy simple: a un colegio de educación sexual acude un grupo de muchachas dispuestas a aprender todos los secretos del contacto carnal. Dirigida y protagonizada por la veterana actriz gala, la serie, que obtuvo un éxito arrollador en Francia como estandarte del cine X 100 % aficionado, contaba con reducidos presupuestos pero muy bien aprovechados, ya que los filmes destacaban por su seleccionado “casting” y la perversión de todos los números sexuales. Gracias a su cuidado diseño de producción, “La escuela de Laetitia” conquistó gran parte de los galardones de su especialidad en los festivales de Cannes y Barcelona.

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