JONATHAN MORGAN

 Un mediocre actor secundario se ha convertido, en la última década, en uno de los directores más interesantes del porno americano contemporáneo. Jonathan Morgan aprendió tanto de los rodajes de las películas cuando tenía que actuar en ellas que, cuando se puso detrás de la cámara, se reveló como un magnífico contador de historias.

Ese punto fanfarrón que muchos hombres tienen respecto a su propia sexualidad fue la razón por la que Jonathan Morgan entró en el mundo del porno. A los 24 años, Morgan, nacido en Nueva York en 1966 con el nombre de Scott Gallegos, trabajaba como vendedor de coches y, un día, alquiló una película X para verla con una amiga. Esta, medio en broma, le dijo que él jamás podría ser un buen actor porno. Unos días después, Jonathan Morgan se presentó en las oficinas del agente de actores porno Jim South para pedir trabajo.
Con un aspecto físico similar al de Louis Van Gaal, Jonathan Morgan fue un eficaz secundario durante más de diez años. Sus apariciones en pantalla no hacían prever que pasaría a la historia del porno. Ni siquiera sus primeras películas como director, realizadas en 1993, que exhibían una baja calidad y nada nuevo en el panorama del cine X norteamericano. Pero algo de talento vieron en sus filmes los responsables de la productora Wicked Pictures, porque lo contrataron, en 1998, para dirigir una serie de películas de gran presupuesto.
Y acertaron. Su primera película con un presupuesto digno, “Pornogothic”, desveló las grandes cualidades como director de esta revisión del cine de vampiros que cautivó a la crítica y el público. Su siguiente película, “La noche de los zombies calientes” confirmó que Morgan era uno de los más brillantes y originales directores de su generación, al realizar un explícito homenaje al cine fantástico de serie B de los años 50.
En esas dos películas, Morgan se reveló como un director preocupado por la narratividad de sus filmes, pero, sobre todo, como un gran conocedor de los mecanismos narrativos del cine de género. Esta sería una constante en su carrera desde entonces, ya que sus películas descubren la vertiente sexual de todos los géneros cinematográficos. Desde el cine de aventuras, en “Hércules en el Olimpo de las diosas calientes”, el peplum, en “La orgía romana de Serenity”, el melodrama, con filmes como “Romance sexual”, la ciencia-ficción, en una cinta como “Space Girls”, o las películas de acción, caso de “Demolition Woman”, parodia desmadrada del filme protagonizado por Sylvester Stallone.
Pero, además, esa inmersión en el cine de género, la madriguera del entretenimiento puro y duro, Morgan añade a sus obras un extraordinario sentido del humor, que le lleva a reírse primero de sí mismo, para luego hacerlo de todo lo demás. El mejor ejemplo de ello es “Cómo hacer una película X”, donde el director neoyorquino destripa los entresijos de la industria del porno con más vocación de divertir que de denunciar.
Apoyado en Serenity, su actriz fetiche, Morgan se ha convertido, contra todo pronóstico, en el principal referente de un tipo de cine X que busca su propio estilo a la vez que la complicidad del espectador. El paradigma de un porno que, sin alejarse de las exigencias de producción ni pretender crear obras de arte, resulta brillante para los críticos y satisfactorio para los aficionados. Casado con la actriz de cine convencional Nikki Fritz desde octubre de 2003, vive con ella en Los Angeles.