ANTHONY SPINELLI
Poco conocida para los aficionados más recientes al porno, la figura de Anthony Spinelli es clave para entender el desarrollo de la industria del cine para adultos en los últimos 30 años. Director de culto y realizador de algunas de las películas emblemáticas de la edad de oro del porno norteamericano, Spinelli ha dejado un legado que reafirma sus convicciones de considerar al cine X como género cinematográfico.
En un mundo tan endogámico como el del porno en sus inicios, los Spinelli son considerados como la primera gran familia surgida en el sector. El patriarca de la familia, Anthony Spinelli, fue uno de los grandes directores de la edad de oro del porno norteamericano y el fundador de una saga que ha llegado hasta nuestros días. Nacido el 21 de febrero de 1927 en Cleveland, Spinelli, cuyo nombre real era Sam Weston, orientó su carrera hacia el porno después de haber sido director de cine convencional frustrado tras el escándalo que provocó su película “One potato, Two Potato”, una historia de amores interraciales que levantó ampollas entre los sectores más reaccionarios de la sociedad americana.
Y lo hizo a lo largo de casi medio siglo, en el que realizó filmes que pretendían dignificar el género, filmados en 35 mm. y con una puesta en escena tan cinematográfi
ca que en poco se asemejaba a lo que ofrecía la industria.
Sus grandes éxitos llegarían entre 1975 y 1985: “The Dancers”, una vuelta de tuerca a los papeles tradicionales en el cine erótico en el que los hombres son los protagonistas. “Defiance of Goods”, probablemente la más impresionante ilustración sobre el sadomasoquismo, tanto físico como psicológico, de la historia del porno. “Tía Peg”, una arriesgada apuesta que convirtió en estrella a Juliet Anderson a la edad de 42 años. O “Talk dirty to me”, considerada por la crítica como “la última película de seducción” que dio el género a lo largo de su historia.
El cine de Anthony Spinelli era como el de esos genios del séptimo arte que, aunque no trabajaron con guiones propios, siempre dejaban un trazo de su personalidad en cada trabajo. Una perfecta iluminación, unos personajes con fuerte carga psicológica, una cuidada puesta en escena y una exquisita delicadeza en las escenas sexuales que le permitía contar todo lo que deseaba sin caer en el sensacionalismo. Películas con formato cinematográfico que incluían escenas de sexo como contrapunto a la historia que contaban. Por eso, aunque siguió dirigiendo filmes a partir de la aparición del formato de vídeo, su actividad decreció, ya que Anthony Spinelli nunca estuvo demasiado convencido de que el vídeo pudiera acarrear beneficios artísticos a la industria del cine para adultos norteamericana.
Hasta 1995, Spinelli estuvo en la brecha. Sólo la enfermedad de Alzheimer lo retiró del porno, aunque dejó, en sus últimos años, piezas de coleccionista como “Seducción y erotismo” o “Una rubia entre un millón”. Su degeneración física culminó el 29 de mayo de 2000, cuando una neumonía le causó la muerte a los 73 años.
Pero el legado de Anthony Spinelli perdura hoy en día gracias a sus hijos, Mitchell y Anthony Jr., herederos de la tradición pornográfica de esta familia que ha enarbolado la bandera del cine X como género desde hace más de 40 años.

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