ANDREW BLAKE
En su debut en el cine X, con "Fantasías de noche", Andrew Blake revolucionó el panorama del porno en el momento en el que la industria de entretenimiento para adultos necesitaba un empujón para salir adelante. Él fue el creador de un estilo, el "X chic", que prevalece en nuestros días como una forma de hacer películas.
Nacido en Boston en 1947 con el nombre de Paul Nevitt, en su adolescencia, Blake quiso ser pintor y hacer cuadr
os como los de Francis Bacon, pero, según ha confesado, nunca tuvo la suficiente sensibilidad como para plasmar sus ideas en un lienzo. De manera que eligió el mundo de la imagen para desarrollar su talento.
Después de trabajar como fotógrafo para la revista Playboy, debutó como director en 1989 con “Fantasías de noche”, una película que cambiaría el rumbo del cine X por su peculiar estética. Protagonizada por Tori Welles, “Fantasías de noche” pone en la pantalla cinco escenas de sexo que reflejan los sueños de una mujer con transtornos oníricos. Y lo hace de manera arriesgada para acuñar un estilo propio, basado en una excelente fotografía, una cuidadosa puesta en escena, una música sugerente, compuesta por su amigo Raoul Valve, y unos decorados suntuosos, que parecen sacados de cualquier museo de arte moderno.
Andrew Blake inauguró así una forma de hacer porno que pronto fue bautizada como “Porno Chic”, “X Chic” o, maliciosamente, “porno pijo”, ya que en él se representa una visión del sexo exclusiva para las clases acomodadas de la sociedad americana.
Pero, más allá de todos esos adjetivos, el estilo de Blake acabaría creando escuela en un buen número de directores de cine X, como Michael Ninn, Philip
Mond o Cameron Grant.
Pero, si la mayoría de sus seguidores ha desarrollado el “Porno Chic” hasta integrarlo en películas con argumento, Blake ha permanecido fiel a su estilo desde hace más de tres lustros. A “Fantasías de noche” le siguieron “Mi más íntimo secreto”, el recorrido de una prostituta de Los Angeles por los barrios más lujosos de la ciudad, “La casa de los sueños”, una aproximación al mundo del fetichismo de la mano de Zara Whites, o “El arte del deseo”, donde Blake vuelca todas sus obsesiones artísticas para componer auténticos cuadros de color y sexo.
En 1992 dirigió la que es considerada como su obra maestra: “Oculta obsesión”. Los relatos de una escritora a la que un misterioso personaje encarga una serie de cuentos eróticos sirvieron al director bostoniano para crear quince escenas sexuales de una perfección visual nunca vista que llegaban al espectador de la mano de Janine Lindemulder, convertida desde entonces en un icono del cine erótico.
A partir de entonces, el cine de Andrew Blake ha privilegiado las el cuerpo femenino y su obsesión por la parafernalia fetichista. En filmes como “Secret Paris”, “Beso desnudo” o “Pasión por el sexo”, Blake ha construido un universo propio basado en las relaciones lésbicas, la perfección de sus encuadres y una estética general que recuerda más a cualquier anuncio de cremas de belleza que a una película porno, pero en los que ha conseguido, como en su sueño adolescente, pintar sobre la pantalla como lo hacía Francis Bacon sobre el lienzo.

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