MI MÁS ÍNTIMO SECRETO

Un acentuado gusto por la estética y la sublimación del sexo como ideal de belleza son los ingredientes principales de “Mi más íntimo secreto”. Andrew Blake nos ofrece un sugerente álbum erótico ante el que el espectador sólo puede detenerse y gozar en buena compañía.

A finales de los años 80, la generalización del soporte de vídeo para la realización de las películas X propicia la segunda gran revolución en el género, tras la que se produjo a comienzos de la década anterior con la legalización. La industria encuentra en el vídeo el mejor instrumento para abaratar costes y la producción de pornos se multiplica en progresión geométrica. Pero este avance técnico arrastra la lacra de la pérdida de calidad en las cintas, estranguladas por la celeridad con la que se trabaja, y, consecuentemente, la supresión del elemento narrativo en el género, que le había dado sentido hasta entonces. El porno, pues, se convierte en un objeto de consumo rápido que elimina los oropeles de la historia y muestra casi exclusivamente las relaciones sexuales. En este contexto aparece la figura del realizador californiano Andrew Blake, quien, explotando al máximo los mecanismos de producción reinantes, logra hacerse con una imagen de marca que tendrá abundantes secuelas durante la década siguiente. Blake, arrinconada definitivamente la trama en el porno, recurre a la estética del vídeo-clip y de los spots televisivos para adaptarlos al cine X y crear todo un universo cinematográfico en el que prevalece la imagen sobre todas las cosas. Andrew Blake inaugura con su cine una corriente en el género que se ha dado en llamar “X-Chic” o “Porno light”. Se caracteriza principalmente por la inclusión de escenas de sexo en ambientes distinguidos y lujosos, realizadas por actores y actrices cuyos físicos se asemejan a los de los modelos de pasarela, con un exquisito cuidado por el vestuario y el “atrezzo”, la presencia de iconos relacionados con el lujo (joyas, grandes limusinas y el mejor champán) y una envoltura musical sugerente y relajante que parece expresamente compuesta para sus filmes por algún creador de sonidos de la “new age” californiana. Pero más que el cuadro burgués que pinta, la estética de Blake viene marcada por un montaje concienzudo, en el que no hay tiempos muertos ni cambios de postura en los escarceos amorosos.
En 1990, Andrew Blake da un salto hacia delante en su apuesta por un cine X de calidad al filmar un porno en 35 mm. Sin embargo, esta regresión técnica es simplemente un órdago estilístico para acentuar la belleza de sus imágenes. El resultado de todo ello es “Mi más íntimo secreto”, un filme que recorre los barrios altos de Los Ángeles para mostrarnos su lado más perverso a través de la mirada de una prostituta de lujo, interpretada por Ashlyn Gere, que recorre en una imponente limusina los barrios más distinguidos de la ciudad. En su enorme habitáculo lleva joyas y champán del bueno. Y nos cuenta, por medio de ocho videoclips, las perversiones ocultas de los más importantes prohombres de la ciudad. Sus más íntimos secretos.
El relato de Ashlyn nos conduce hasta una dama de alta alcurnia que contrata un gigoló para satisfacer sus apetitos, un militar que pierde sus documentos secretos en manos de una prostituta, un ejecutivo obsesionado por el blanco virginal de los trajes de novia, dos jeques árabes que juegan a mirar y no tocar o el maduro caballero que ve cómo dos amigas se entregan a un juego lésbico. Los ocho “clips” que componen la película son un prodigio de perfección técnica tanto por su diseño de producción como por la cuidada selección de los encuadres.
 
 
Secrets. EEUU. 1990
Actores: Ashlyn Gere, Jeanna Fine, Saber, Samantha Strong, Zara Whites, Fallon, Kristina King, Danielle Rodgers, Valerie Stone, Nina Alexander, Nikki Wild, Kristin, Sunny McKay, Rocco Siffredi, Jon Dough, Peter Notrh.
Producción: Howard Klein y Patti Rhodes.
Dirección: Andrew Blake.